Categoría: travesías
5 Noviembre 2007
Querido Amigo,
ya de regreso en estos lares lejanos y angostos me cabe la reflexión
contigo de la vida estos últimos 15 días.
El viaje siempre es una opción por el azar y lo desconocido.
Es un salto donde nos quedamos dispuestos, en conciencia que no tenemos el control.
Viajar es estar entre; no encima ni debajo, sino entre.
Sentirse en viaje es sentirse colectivo y a la vez precario, en soledad.
De esta ausencia de las certezas de lo cotidiano surge la humildad necesaria para verse conmovido y a la vez resoluto.
Como Bowles, el viaje es mi necesidad de volverme incierto y mundano;
precario y feliz.
El goce del trayecto y la agonía del destino europeo, tan certero. Tan
tren entre las doce y tres minutos y una S.Peregrino Frizada, tan ristretto.
La luz diagonal del Báltico en otoño que se viene a oscuras eternas y
tranvías bulliciosos en Cadorna y los aviones de Barajas.
Caminar sin destino es la esencia de mi viaje.
No sé si llegaré, porque no tengo destino claro. Y ahora sé que tampoco lo deseo.
El periplo acabado es el comienzo que no termina pero que me resuelve la búsqueda de estos años.
Ahora sé que fui cantando por Génova o Colliguay; Praga o Achao tan
contento porque no buscaba el destino sino mi viaje.
No he perdido el tiempo.
Oct2003
servido por Jorge
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23 Abril 2007

En febrero hice un hermoso viaje con mi familia por USA.
Fue un trip de costa a costa.
22 rollos de 36 exposiciones, 35 mm sobre peliculas Ilford de ASA 50, 125, 400 y 400Delta de las que por el momento he podido revelar 5 rollos.
Lo
que pueden apreciar en ésta entrega son las escánicas que hice de los
negativos. La machitas blancas son producto de la cal y los residuos
que deja el trabajo con agua potable que se limpian al momento de su
ampliación sobre papeles vegetales.
Es un trabajo lento y que en la medida vayan saliendo cosas que me atrevo a mostrar las iré compartiendo con ustedes.
Este viaje me permitió además zanjar de una vez por todas mi compleja e infeliz vida tratando con la foto digital color.
Mi
liberación es hacia una vuelta a mis orígenes que me alegran y hacen
sentir que lo digital es para mi sólo de registro y pruebas; mi
vocación fotográfica, es análoga.
Contradicción dirán ustedes. Obvio, respondo.
Somos
hijos de una era de transición donde nuestras vidas innegablemente
conviven entre lo digital y lo análogo. No tener pudor de lo análogo ya
que lo digital nos exige entender el oficio que lo inaugura.
Sin embargo la fotografía digital es una deuda conmigo y ese oficio que debemos inventar.
Como Veen, siento que debemos conocer ese código oficioso propio de lo digital.
Pero
eso es deuda, aún estoy descubriendo la maravillosa expresión análoga,
alquímica e imperfecta de la foto, donde el azar y el fracaso son parte
de ese crecimiento.
Gracias por ver mis fotos.
servido por Jorge
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3 Abril 2007

(Santa Barbara, California: Jorge, Manuel y Vicente)

servido por Jorge
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27 Septiembre 2006

Caminar por Berlín es extraño.
Cada cuadra es una sorpresa de modernidad, restos (aún) de la guerra, arquitectura pero sobre todo sientes que estás caminando por nuestra historia que aún escribimos.
Si hay algo especial en esta ciudad es la intención urgente de integrar a occidente (o sea a edificios más modernos especialmente) la parte oriental que ahora que estoy acá entiendo mejor.
La parte occidental fue por 50 años una isla capitalista en un país comunista.
Berlín es la herida que llevaremos siempre los que somos hijos de los 60. Somos herederos de una cagada aún sin solución y que los alemanes se hicieron cargo con coste a la economía de toda Alemania unificando un pueblo dividido artificialmente.
No dejo de pensar en que éste pueblo lejano en el trato, pero muy amable es el mismo que no hace 70 años se creyó la idea de la gran patria germana aria.
Son los nietos de esos convencidos que la vida para ellos era distinta y perfecta los que viajan junto a mi en la UBahn.
Es que si hay una culpa que tiene este maravilloso país es que lo que hacen, lo hacen bien.
Ese pecado inicial los inculpó en un ajedrez curioso donde los norteamericanos lo poco que dejaron fue el CheckPoint Charlie.
Los rusos ni decir, cada cuadra triste y fría, es oriental.
Berlín en marzo es curioso, nevado, frío y melancólico.
Caminar el Tiergarten para llegar al Siegessaüle con nieve es caminar por la historia alemana que se confunde con la mía porque al final, cuando puedes llegar acá reafirmas lo chico y cercano que es el mundo.
Es la misma emoción que después de toda una vida de ver el libros las obras de arte, de golpe estás de frente a un Picasso o un Miró.
Caminar por Berlín liberado (no sé si los alemanes lo sienten así, pero…) es emocionante y penoso a la vez.
Sobre todo cuando estás parado en la Potsdamer Platz en los restos del muro y caminas esa línea sutil que recorre aún la ciudad, anónima pero presente.
La dejan ahí para evitar el olvido. Ambos.
Berlín te regala vida, movimiento, y muchas fotos.
Subir el Reichstag y apreciar la enorme cúpula que diseñara Foster es un regalo como pocos en la vida.
Al igual que bajar por el UBahn para desplazarte por la U2, escuchando en mi iPod Jimi Hendrix.
Berlín es elegante, sucio, complejo, sofisticado (en español es masculino, será también en alemán), rápido, triste, alegre, cosmopolita, apurado, moderno, muy moderno. Es la parte loca de la vida que me trajo hasta acá el día de mi cumpleaños.
Salud Berlín!
servido por Jorge
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4 Julio 2006
Hay algunas películas que son mis escenciales.
Las que se van sumando a mi lista (es corta, pero cada año crece en dos o tres) las trato de comprar.
Perdidos en Tokio es una de éstas.
Trata del encuentro entre un actor famoso cuarentón y una veinteañera y bella mina casada con un imbécil fotografo.
Ambos están en Tokio por obligación, uno trabajando en una campaña de publicidad de un Whisky la otra acompañando a su marido que es fotografo de músicos de moda.
La verdad es que no los voy agotar contandoles la película, eso te lo dejo a tí, no te la pierdas por ningún motivo.
Para mí las películas y en general el arte se acumula en mi vida y me enseña a vivir. El placer y lo que me dice la obra es la sinfonía global que acompaña mi vida.
Sin arte no podría vivir, pero estoy lejos de ese arte-impotante, me dá lo mismo!
Pa'mi el arte tiene que ver con al emoción más que con el dato histórico o aquellas sesudas interpretaciones de los críticos.
Pa'mi el cine por ejemplo es lo que mi amado padre me enseñó. Es él quién me motivó siempre a sentir antes que analizar.
Obviamente son escenciales los análisis de lo que el autor quiere decir, pero antes está la emoción.
Perdidos en Tokio, es eso para mí. Emoción por la belleza de los momentos que construyen dos solitarios en una ciudad dificl, de idioma largo e inentendible (me pasó lo mismo estando en Alemania, cómo no hilar nisiquiera una palabra), pero sobre todo en soledad absoluta.
Muchas veces me veo solo un día, mi familia se va al sur, y ahi me quedo solo llendo a mi oficina y volviendo a una casa sin ruidos, sin olores.
Esos días siento realmente "y ahora qué hago con mi soledad libre?"
Esa debe ser el sentimiento de una película bella, simple, sólida y atemporal.
Como buen arte, es una que se te mete en la vida así no más y ya ni puedes olvidarla ni vivir sin ella.
servido por Jorge
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27 Abril 2006
"... a la familia cubana, la de aquí, la de allá, la de todas partes. Trato de decirle al mundo que tanto odio, tanta desilusión, tanta distancia, tanta nostalgia, tanta traición, tantas fronteras, tantas banderas, tantos gobiernos y tantas orillas se parando a la misma familia, solo nos conduce a descubrir que al final, no sirvió de nada."
Carlos Varela

Caminando por Orealy o por el Vedado. Asumiendo la revolución como una materia mía, prestada pero mía.
Ese amor donado que me dio mi padre y su vida por esta gente orgullosa y alegre, esa alegría media entrometida que vivimos el 71.
Me recuerdo en la plaza de Valparaíso, viendo a lo lejos con mis 9 añitos junto mi viejo comunista, antes durante y ahora "al" Fidel.
No sé si cada vez me es más difícil querer la revolución o es que cada vez nos hemos entregado a la desilusión del oprobio neoliberal, no sé ni nunca lo sabré ni pretendo entenderlo.
Soñar la igualdad pero escuchar la pena de un músico sin futuro que se gana la vida con su saxo de mil doscientos dolores es casi igual a mi pena enorme por, ahora mi Cuba querida.
Me duele Cuba, me revoluciona mis amores, me cuestiona la cuestión de la revolución, me caga la vida, me cuida y desprotege.
Me fui lleno de dudas sobre Cuba y me devuelvo ahora con otras dudas, las mías, las de mi vida.
Cómo hacer para que los mojitos no se te crucen en ese afán revolucionario de ni siquiera comprarte una aspirina sin convertibles?
Cómo no dejar de sentirme que ese es el paraíso pero que los hombres lo hemos descuidado tanto que no sé si sobreviviré para verlo habitado.
La Habana descuidada, vigilada, Habana negra del son y el candor. Ciudad culta y hermosa mi pena no te sirve para salvarte, porque no sé si te quieres salvar.
Malecón de noche, camino, siempre camino.
Malecón con candombe y lujuria, con alegría improvisada que huele a la verdadera alegría, esa que te brota furiosa de las entrañas cuando tu alimento es sólo el Ron, la música improvisada de los bronces que me regala esta capital y ya es de noche.
De caminar bailado de andar sigiloso, de andar “cuidao”, los habaneros no sudan como mi tarde en el Capitolio.
Ahora que estuve, me quedan más preguntas que en la partida, curioso si me alegró conocerlos, a ellos los cubanos. Pueblo bello y simple, pueblo que duda y que como los hijos de Guillermo Tell se aburrieron de la manzana en la cabeza.
servido por Jorge
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22 Marzo 2006

Caminar con un helado de vainilla por las calles de Dresden en marzo no es simple. Primero debes auto-convencerte que tu adicción es mayor y controlar tu razón, esa que te dice que es marzo, y Dresden está nevada (o nevado?).
Caminar sin rumbo en el frío alemán hacia el Elba es un sacrificio mayor cuando intentas sortear el barro que se produce con la nieva que se auto-inmola con severidad pero que recáe al otro día.
Esa nieve profiada que no entiende que las vitrinas ya tengan trajes de verano, tan de baños con la pelota y la arena que es el ensueño de éstas personas que caminan sin mirar a nadie por Dresden.
Curiosa ciudad que me cuentan fué intensamente bombardeada y destruida en la guerra, la segunda. No sé bien qué la destruyo más, la guerra, el comunismo, o la urgencia actuál de ser occidental.
Dresden eres tan oriental como Praga que mi urbanismo español no te reconoce caminos cuerdos.
LLegar al Elba es cruzar una ciudad en reparación constante con restos y olvidos que no sé bien si son así o quedaron olvidados en alguna de las vidas que tiene esta ciudad.
No sé bien qué haré cuando llegua al barquillo, esa parte triste de los helados, esa parte que es la mejor pero la más penosa y que te anuncia el término sabroso de un raconto infantíl del Vitamin Service, en ese tiempo me gustaban los de pistacho.
servido por Jorge
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12 Mayo 2005
Baires es ese lugar que imagino y al que voy de improviso.
Baires es este tipo volanteando la mirada, con su afán y su pena.
Mi Baires huele a carne asada, a mina rica, a poleras de futbol, a libros nuevos de Atenea.
Un Beatles en San Telmo, no un Piazolla como nos quieren hacer creer; a Piazola me lo veo en Corrientes, bajo esos cartones que protegen a los choros por las noches, a la entrada de un banco maldito, esos que se funaron mi Baires.
Tu Baires suele ser de Banfield o Boca, el tuyo Julio suele ser la heladería de la esquina donde compras tus helados de pistacho, para tí. Para tu tía de vainilla.
Baires, Julio, Paris, mis amigos, el deseo y la esperanza que la vida es ésta que no vives pero que te leo a diario en mi vuelta 79 al mundo de un minuto.
Baires es mi recuerdo en pasado, es la cosa tactil y dulce; triste como los funcionarios, lejano como la Maga que ahora canta algo de Hugo Wolf; mal.
servido por Jorge
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