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La Coctelera

zardanápalo

El problema es quién lava los platos!

27 Septiembre 2006

Berlín


Caminar por Berlín es extraño.
Cada cuadra es una sorpresa de modernidad, restos (aún) de la guerra, arquitectura pero sobre todo sientes que estás caminando por nuestra historia que aún escribimos.
Si hay algo especial en esta ciudad es la intención urgente de integrar a occidente (o sea a edificios más modernos especialmente) la parte oriental que ahora que estoy acá entiendo mejor.
La parte occidental fue por 50 años una isla capitalista en un país comunista.
Berlín es la herida que llevaremos siempre los que somos hijos de los 60. Somos herederos de una cagada aún sin solución y que los alemanes se hicieron cargo con coste a la economía de toda Alemania unificando un pueblo dividido artificialmente.
No dejo de pensar en que éste pueblo lejano en el trato, pero muy amable es el mismo que no hace 70 años se creyó la idea de la gran patria germana aria.
Son los nietos de esos convencidos que la vida para ellos era distinta y perfecta los que viajan junto a mi en la UBahn.
Es que si hay una culpa que tiene este maravilloso país es que lo que hacen, lo hacen bien.
Ese pecado inicial los inculpó en un ajedrez curioso donde los norteamericanos lo poco que dejaron fue el CheckPoint Charlie.
Los rusos ni decir, cada cuadra triste y fría, es oriental.
Berlín en marzo es curioso, nevado, frío y melancólico.
Caminar el Tiergarten para llegar al Siegessaüle con nieve es caminar por la historia alemana que se confunde con la mía porque al final, cuando puedes llegar acá reafirmas lo chico y cercano que es el mundo.
Es la misma emoción que después de toda una vida de ver el libros las obras de arte, de golpe estás de frente a un Picasso o un Miró.
Caminar por Berlín liberado (no sé si los alemanes lo sienten así, pero…) es emocionante y penoso a la vez.
Sobre todo cuando estás parado en la Potsdamer Platz en los restos del muro y caminas esa línea sutil que recorre aún la ciudad, anónima pero presente.
La dejan ahí para evitar el olvido. Ambos.
Berlín te regala vida, movimiento, y muchas fotos.
Subir el Reichstag y apreciar la enorme cúpula que diseñara Foster es un regalo como pocos en la vida.
Al igual que bajar por el UBahn para desplazarte por la U2, escuchando en mi iPod Jimi Hendrix.
Berlín es elegante, sucio, complejo, sofisticado (en español es masculino, será también en alemán), rápido, triste, alegre, cosmopolita, apurado, moderno, muy moderno. Es la parte loca de la vida que me trajo hasta acá el día de mi cumpleaños.
Salud Berlín!

Tags: berlin, alemania

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Esta es mi parte rara, lo que no coloco en otra parte porque no sé como clasificarla. Esta es mi parte viciosa de estética, de neura, aquella criticona e indómita; esa que toma fotos en los semáforos. Esa que me asombra y conmueve. Acá subo lo que está entre, no encima ni debajo sino entre. Jorge

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