Querido Amigo
Querido Amigo,
ya de regreso en estos lares lejanos y angostos me cabe la reflexión
contigo de la vida estos últimos 15 días.
El viaje siempre es una opción por el azar y lo desconocido.
Es un salto donde nos quedamos dispuestos, en conciencia que no tenemos el control.
Viajar es estar entre; no encima ni debajo, sino entre.
Sentirse en viaje es sentirse colectivo y a la vez precario, en soledad.
De esta ausencia de las certezas de lo cotidiano surge la humildad necesaria para verse conmovido y a la vez resoluto.
Como Bowles, el viaje es mi necesidad de volverme incierto y mundano;
precario y feliz.
El goce del trayecto y la agonía del destino europeo, tan certero. Tan
tren entre las doce y tres minutos y una S.Peregrino Frizada, tan ristretto.
La luz diagonal del Báltico en otoño que se viene a oscuras eternas y
tranvías bulliciosos en Cadorna y los aviones de Barajas.
Caminar sin destino es la esencia de mi viaje.
No sé si llegaré, porque no tengo destino claro. Y ahora sé que tampoco lo deseo.
El periplo acabado es el comienzo que no termina pero que me resuelve la búsqueda de estos años.
Ahora sé que fui cantando por Génova o Colliguay; Praga o Achao tan
contento porque no buscaba el destino sino mi viaje.
No he perdido el tiempo.
Oct2003
